Aunque el acceso a la electricidad crece, el avance en sostenibilidad ambiental es marginal. En 2018 se registró el menor progreso en cinco años. De la región son Uruguay y Costa Rica los mejor evaluados.

La electricidad está ganando terreno en todo el mundo, solo entre 2014 y 2016 unas 270 personas ganaron acceso. Sin embargo, en cuanto a sostenibilidad ambiental, los avances aún son marginales. El año pasado se registró el menor avance en transición energética en cinco años, de acuerdo con el índice que elabora el Foro Económico Mundial.

El foro mide la transición energética en términos de seguridad, accesibilidad y sostenibilidad.

Tres años después del logro mundial, que fue el compromiso político del Acuerdo de París, esta falta de progreso da una dosis de realidad acerca de qué tan adecuados son los esfuerzos actuales y la dimensión de los desafíos, dice el informe.

La evaluación critica a las economías más importantes del planeta por su poca disposición para abordar los retos más importantes de la transición energética. Los países que se ubican en las mejores posiciones del índice apenas representan el 2.6 % de las emisiones anuales globales.

El ranking lo lidera Suecia, seguido de Suiza y del resto de países nórdicos. Las dos primeras grandes economías europeas que aparecen son el Reino Unido y Francia.

De la región latinoamericana es Uruguay el más avanzado con el puesto 11, seguido de Costa Rica en el 21. El Salvador ocupa el puesto 74, después de Guatemala –que es la economía número 70, pero antes de países como Honduras, Bolivia, República Dominicana, Nicaragua y Venezuela.

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Con relación al medio ambiente, el informe señala que el estancamiento en la transición tiene entre sus principales razones el carbón, que sigue siendo utilizado masivamente en Asia. Las plantas de carbón de ese continente tienen en promedio 11 años, por lo que seguirán generando.

Las energías fósiles representan un 81 % del abastecimiento total de energía primaria, una proporción que se ha mantenido casi inalterada en las últimas tres décadas, según el informe. Por primera vez en tres años el consumo de carbón aumentó en 2018. Esto explica que las emisiones de dióxido de carbono aumentaron en más de 2 % en 2018, según proyecciones que, de confirmarse, habrá sido el nivel más alto desde 2014.

En 2017 la inversión en generación de energía combustibles fósiles ganó terreno sobre otras tecnologías. Desde 2014 esto no pasaba.

El índice no mide solo sostenibilidad ambiental. Se divide en dos: el desempeño del sistema que incluye seguridad y acceso a la electricidad, sostenibilidad ambiental y desarrollo económico. La otra parte es qué tan listo está un país para transitar a una energía más limpia y renovable y un uso más eficiente. Aunque los países de Latinoamérica y el Caribe no están entre los primeros del índice, la región es la que tiene la mejor puntuación en sostenibilidad medioambiental en el contexto de la transición.

Esto está relacionado en gran parte con que muchos países generan su energía con presas hidroeléctricas. Esto, de acuerdo con el foro, significa que el impacto medioambiental es menor, pero también puede provocar inestabilidad en el suministro eléctrico. De hecho una preocupación es que sequías prolongadas reduzcan el aporte de las hidroeléctricas y que los países reemplacen esta energía con generadoras de combustible fósil.

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En El Salvador, por ejemplo, esta situación se dio durante unos meses en 2018. Las presas hidroeléctricas bajaron su aporte considerablemente después de la sequía que golpeó al país en julio y agosto pasado. Al mismo tiempo se incrementó la inyección de las plantas térmicas tradicionales, una energía que suele ser más cara –lo que impacta el precio que pagan los hogares mes a mes pues depende de los precios internacionales del petróleo.

El Salvador renovable

El sector eléctrico salvadoreño ha visto cambios profundos en los últimos años con el auge de la energía renovable, especialmente solar fotovoltaica.

Según el Consejo Nacional de Energía (CNE), de 2013 a 2018, el país pasó de poder generar 1,584.8 megavatios (MW) a 2,056 MW, todo renovable; la inversión sumó $913.6 millones.

Los ingenios azucareros incrementaron su capacidad y el país vio nuevas plantas solares –además de la expansión de la central hidroeléctrica 5 de Noviembre. En los próximos años habrá más generadores, como la planta solar de Ozatlán y un campo eólico.

No obstante, hay proyectos que se han estancado o han tenido un avance lento, como la presa hidroeléctrica de El Chaparral. De igual forma, LaGeo tampoco ha logrado consolidar sus proyectos de expansión para explotar pozos en San Vicente y Chinameca.

Publicado en La Prensa Gráfica, 1 de abril de 2019.